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Wednesday, August 10, 2011

LA LECHERA


de 

Felix Maria de Samaniego, llamado “ El fabulista” nació y murió  en  La Guardia (Alava) (1745-1801).  Fue un escritor muy destacado en la literatura de ilustración y junto a Tomás de Iriarte, fueron los mejores fabulistas españoles.


Llevaba en la cabeza una lechera el cántaro al mercado con aquella presteza, aquel aire sencillo, aquel agrado que va diciendo a todo el que lo advierte:
¡"Yo sí que estoy contenta con mi suerte!"Porque no apetecía más compañía que su pensamiento, que alegre, le ofrecía inocentes ideas de contento; marchaba sola la feliz lechera y decía entre sí de esta manera: "Esta leche vendida, en limpio me dará tanto dinero, y con esta partida un canasto de huevos comprar quiero, para sacar cien pollos que al estío me rodeen cantando el pío, pío.


Del importe logrado de tanto pollo, mercaré un cochino; con bellota, salvado, berza, castaña, engordará sin tino; tanto, que puede ser que yo consiga ver cómo se le arrastra la barriga. Llevarélo al mercado; sacaré de él sin duda buen dinero; compraré de contado una robusta vaca y un ternero, que salte y corra toda la campaña, hasta el monte cercano a la cabaña.

"Con este pensamiento enajenada, brinca de manera que, da un salto violento, el cántaro cayó. ¡Pobre lechera! ¡Qué  compasión! Adiós leche, dinero, huevos, pollos, lechón, vaca y ternero. ¡Oh, loca fantasía,qué palacios fabricas en el viento! Modera tu alegría; no sea que saltando de contento, al contemplar dichosa tu mudanza, quiebre su cantarillo la esperanza. 

No seas ambiciosa de mejor o más próspera fortuna; que vivirás ansiosa, sin que pueda saciarte cosa alguna. No anheles impaciente el bien futuro:  mira que ni el presente está seguro.

Monday, June 20, 2011

La Liebre y la Tortuga

 La Liebre y la Tortuga
Fabulas de Esopo

Cierto día una liebre se burlaba de las cortas patas y la lentitud al caminar de una tortuga. Pero ésta, riéndose, le replicó: «Puede que seas veloz como el viento, pero en una competencia yo te ganaría». La liebre, totalmente segura de que aquello era imposible, aceptó el reto, y propusieron a la zorra que señalara el camino y la meta. Llegado el día de la carrera, emprendieron ambas la marcha al mismo tiempo. La tortuga en ningún momento dejó de caminar y, a su paso lento pero constante, avanzaba tranquila hacia la meta. En cambio, la liebre, que a ratos se echaba a descansar en el camino, se quedó dormida. Cuando despertó, y moviéndose lo más veloz que pudo, vio como la tortuga había llegado tranquilamente al final y obtenido la victoria. Con constancia y paciencia, aunque a veces parezcamos lentos, obtendremos siempre el éxito